PESADILLA EN EL BOSQUE

cronica
La malaria parece no tocar fondo.

River regaló un partido increíble, no mostró signos vitales y cayó 2-1 en su visita a Gimnasia. El nivel paupérrimo preocupa de cara a la final de la Copa Argentina contra Atlético Tucumán.

El semestre debe acabar cuanto antes. Si hace poco más de un mes el sueño era adueñarse de América, hoy lo mejor sería pellizcarse y despertarse de esta película donde el villano es el propio River. Culpable de sus fallas, autoinmune de su funcionamiento, víctimas de los peligros que se fabrica solo. Lo único que mostró el Lobo en el primer tiempo fueron dos cabezazos desviados a un costado de Enrique Bologna, hasta que a los 35 minutos la visita se acordó de patear al arco en los pies de Nicolás De La Cruz. De ese corner llegó un testazo de Marcelo Saracchi que Martín Arias despejó con gran solvencia. Antes del descanso, Milton Casco la paró con maestría y definió con poca puntería al cuerpo del arquero.

El complemento tendría que haber sido un alivio para pensar un poco más, pero Milton Casco se equivocó feo y regaló una contra que desencadenó en un 2×1 contra Leonardo Ponzio. De aquel remate y posterior respuesta del uno Millonario, Nicolás Colazo puso el primero con el arco a su merced. El local lo tenía a punto caramelo para liquidarlo pero la floja elaboración frente a los tres palos y la experiencia del Beto aguantaron el resultado. El tiro libre perfecto de Ignacio Scocco igualó el trámite y pareció ser la reacción definitiva. Pero no.

Es que Braian Aleman, en tiempo de descuento, sacó un derechazo imposible que graficó lo que fue este semestre para el conjunto de Marcelo Gallardo: prácticamente nada para rescatar. Ojalá el sábado que viene se cierre el año con una vuelta olímpica ante Atlético Tucumán y signifique el bicampeonato de la Copa Argentina, pero eso no deberá modificar el análisis. Respuestas urgentes.