HUNDIDO Y A LA DERIVA

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Los pibes no pudieron ante el Tiburón.

Aunque comenzó arriba en el resultado, River no supo capitalizar sus chances y cayó 3-1 ante un envalentonado Aldosivi. Con un equipo totalmente alternativo, Gonzalo Montiel fue el autor del único gol del Millo.
Era inevitable abstraerse del Superclásico que se avecina pero el equipo muletto que paró el Muñeco quería demostrar. Enfrente estaba un elenco complicado con un entrenador inteligente que sabe plantear los partidos. De lleno en el juego, Tomás Andrade y Matías Moya llevaron las riendas con un nivel desequilibrante en el mano a mano. El local no supo frenar la confianza del Millonario y estuvo a maltraer durante largos minutos, sobre todo con la verticalidad de Rodrigo Mora.
Sin embargo, fue Neri Bandiera el que rompió todos los pronósticos y aguantó la pegajosa marca del rival, pudiendo sortearla con velocidad. Recibió la discontinua ayuda de Ismael Quilez desde el lateral derecho al formar un tándem interesante. La posesión era de la Banda, que buscabaa sin cesar el arco con Nicolás Franco cómo tanque de área. En un tiro libre perfecto de Rodrigo Mora, Matías Vega la descolgó cuando se metía en el ángulo pero el rebote quedo corto, allí entró embalado Gonzalo Montiel y abrió la cuenta con una gran definición.
Varios problemas en el retroceso para Facundo Medina, el que más sufrió la falta de respeto del Tiburón. Así obligó a que Iván Rossi y Lucas Martinez Quarta cortaran abruptamente con infracciones, y a destiempo. Enrique Bologna anuló de manera excelente los remates que se dirigieron a su ubicación, logrando así mantener la ventaja. En el otro extremo, los atacantes estaban cerca de ampliar el marcador si no fuese por la fallida puntada final. El desarrollo del juego fue entretenido mientras no se cortó, la ligereza de los delanteros motivó las ganas de disfrutar la noche marplatense.
De yapa, el recomenzar del segundo tiempo fue letal para el equipo de Marcelo Gallardo. En apenas dos minutos llegó el empate por medio de Antonio Medina y el pantanoso panorama complicó los planes. Si podía ser peor, lo fue: contraataque fugaz del dueño de casa y definición de Ismael Quilez, que entró sorpresivamente por derecha e infló la red. Enojo y desazón en el banco visitante, miradas cómplices entre Napoleón y Matías Biscay en busca de una explicación.
El negocio estaba por los costados y lo entendieron, pero solo el conjunto de la costa atlántica lo llevó a la práctica con lucidez y en equipo. La impaciencia llevó a River a cometer errores infantiles, caros, imperdonables. La pelota era toda de su adversario, cada vez más compenetrado con la tarea de lastimar y presionar bien arriba. He aquí un error garrafal entre Enrique Bologna y Nicolás Domingo en la salida, recuperación de Antonio Medina y cesión a Neri Bandiera para el tercero. Había más: doble amarilla a Iván Rossi y directo a las duchas.
Increíble apagón futbolístico de un plantel que dominó a las claras en el inicio, no supo estampar la superioridad en el mano a mano y sufrió un cachetazo inesperado antes del choque con Boca. Muchos juveniles, demasiadas promesas y una cruda realidad que acecha amenazante. Se viene el último amistoso del pretemporada, luego la hora de la verdad contra Lanús por la Supercopa Argentina y más tarde el torneo local. No hubo lesionados pero sí preocupación por la floja respuesta que, si no es con trabajo, no mejorará.